Qué queremos
De lo más hondo de nuestras necesidades, surgen una serie de demandas que representan todo lo que exigimos para vivir de una manera digna. Nuestras demandas son por una mejor salud, educación, justicia, por trabajo y viviendas dignas, por la unidad y el derecho del pueblo de decidir su destino.

Lo fundamental es que estas demandas sean cumplidas. No algunas, sino todas. Si los gobernantes y los representantes del poder son incapaces de satisfacer estas exigencias, deben hacerse a un lado y dejar que sea el pueblo el que busque las formas más idóneas de hacerlo.

Nuestras demandas son simples. Queremos vivir de acuerdo a nuestro trabajo y nuestra dignidad. Chile cuenta hoy con las posibilidades para proporcionar a todos sus habitantes la satisfacción de sus necesidades. Sin embargo, somos sometidos constantemente a carencias, abusos e imposiciones. Nuestras demandas son simples. Exigimos el derecho al trabajo para todos, a un trabajo que asegure las condiciones para vivir honradamente y no sólo para subsistir. Exigimos que la educación y la salud sean igualitarias y no un negocio. Exigimos viviendas que sean casas dignas, para la vida familiar y el descanso, y no espacios hacinados.

Exigimos una justicia que vaya a las causas de los problemas sociales, de la delincuencia, de los abusos y la corrupción, y no un sistema que favorece a los que tienen dinero y “acceso”. Exigimos un ordenamiento político y económico del país que esté subordinado a los intereses y las decisiones del pueblo y no un sistema que beneficia a empresarios y politiqueros. Exigimos la creación de un poder del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. Exigimos justicia.

Trabajo

Hoy, el trabajo constituye la única manera de cubrir nuestras necesidades elementales. A cambio de la aplicación nuestro esfuerzo físico y mental obtenemos una retribución en dinero. Nada es posible en esta sociedad sin dinero. Alimentos, salud, educación, esparcimiento… todo está expresado en dinero. En cambio, somos separados de los productos de nuestro trabajo, de los bienes que creamos, de los edificios que construimos, del mineral que extraemos de la tierra, de los servicios que prestamos a otros.  
Digámoslo con todas sus letras. En la medida que observamos atentamente nuestra realidad, vemos que el sistema actual está basado en la explotación del trabajo. La retribución que recibimos, sueldos y salarios, no tiene ninguna relación con las ganancias que se embolsan los empresarios gracias a nuestro esfuerzo. Sólo sirve para que continuemos trabajando a su servicio. Pero aún más. Los trabajadores no sólo son explotados por medio de una retribución a todas luces injusta, también somos explotados adicionalmente mediante el desempleo, que muchos sufren, directamente o como una amenaza constante. Somos explotados por los horarios de trabajo prolongados. Por los intereses de las deudas que debemos pagar luego de comprar productos en cuotas, e incluso por los recortes de los sueldos para las AFP, Fonasa o Isapres.  
¿Qué hacer? Debemos luchar por el derecho al trabajo. El derecho a trabajar para vivir, y no para subsistir. El derecho de que toda persona que quiera trabajar, pueda hacerlo, eliminando el azote de la cesantía.

Educación

La educación es la forma en que un pueblo puede comprender su realidad y mejorarla. Es lo que le permite tomar decisiones correctas. Sólo un pueblo culto y preparado puede ser auténticamente libre. Sin embargo, la educación hoy es elitista. Está enfocada a pequeños grupos que pueden acceder a una preparación académica de calidad, gracias a que son capaces de desembolsar millonarias sumas de dinero. Muchas otras familias, en tanto, realizan grandes sacrificios económicos para que sus hijos tengan mejores oportunidades educativas y son vilmente estafadas por instituciones que operan exclusivamente por lucro. Los alumnos salen con un cartón, que en el mercado laboral no significa nada. En Chile la educación es simplemente un negocio. Nada más. La gran masa de la población no puede ser parte de ese negocio y ve cómo sus hijos se pierden la posibilidad de aspirar a algo mejor.  
Muchos se llenan la boca con la importancia de la educación. Señalan que es una forma de salir del subdesarrollo. Sí, es verdad. Chile necesita educación. Necesita técnicos, necesita científicos, necesita trabajadores calificados, necesita hombres y mujeres capaces de pensar con su propia cabeza y descubrir soluciones a nuestros problemas y no depender del extranjero. El país necesita personas capacitadas para aportar al desarrollo del país, tanto intelectual como prácticamente. ¿La educación en Chile apunta a eso? No. Mientras sea concebida como una mercancía que se transa en el mercado, la educación va ser siempre un privilegio. 
¿Qué hacer? Debemos luchar por una educación que beneficie al conjunto de la población y le permita aportar al desarrollo social del país. Por una educación que sea gratuita en todos sus niveles y asegure el acceso igualitario de todas las personas.

Salud

La salud comprende el bienestar físico y mental de las personas.

Sin embargo, vivimos la salud más cómo un problema que como un estado positivo. El sistema de salud está diseñado para enfrentar las enfermedades, pero no para prevenirlas y asegurar que las personas estén bien todo el tiempo. Pero aún así, la ayuda que brinda el sistema es limitada y de mala calidad. Nuevamente, sólo los que tienen dinero pueden obtener prestaciones adecuadas. A la vez, este sistema, entrega jugosos dividendos a quienes dominan el “rubro”: Isapres, laboratorios, cadenas de farmacias, clínicas privadas. Y tampoco faltan los corruptos y aprovechados que roban de los escasos recursos que los gobiernos conceden al sistema público.

¿Qué hacer? Debemos luchar por una salud, cuyo centro esté en el bienestar de la persona, dónde lo fundamental sea la prevención y la calidad técnica y profesional más elevada. Debemos luchar por una salud que no dependa de los recursos económicos y que la atención y el trato a los pacientes sea, para todos, digno y respetuoso.

Vivienda

La vivienda es el lugar de descanso y de reunión de la familia.

Actualmente, el sueño de la casa propia se parece más a una pesadilla. En nuestras poblaciones prevalece el hacinamiento y el hogar se asemeja más a una pequeña cárcel que a un lugar apto para desarrollar la vida familiar. En esas condiciones se convierte en fuente de los problemas más graves de la sociedad. La estrechez del espacio obliga a los jóvenes a estar en la calle, tomando contacto con el alcohol, las dogas y la delincuencia. La falta de espacio es una de las causas principales para la violencia al interior de los hogares, desavenencias en la pareja e, incluso, la destrucción misma de la familia. Al mismo tiempo, la vivienda representa una pesada carga económica. ¡Tantos sacrificios dedicados a obtener la casa propia, para descubrir después que se deberá seguir cargando la cruz de la deuda habitacional! Bancos y empresarios se frotan las manos, pues aunque las casas hayan sido pagadas varias veces, seguirán obteniendo jugosas ganancias a costa nuestra. Los que arriendan, en tanto, deben dedicar una parte importante de sus ingresos a simplemente tener un lugar donde vivir.  

¿Qué hacer? Debemos luchar por casas dignas y para todos. Debemos rechazar cómo se enriquecen los empresarios con un derecho básico de nuestro pueblo.

Por el poder del pueblo, por el pueblo y para pueblo

El ejercicio del poder político es la actividad realizada por el conjunto del pueblo, en pos de su desarrollo social y espiritual, el establecimiento de la justicia y la búsqueda de su felicidad. 

Hoy en día, lo que se conoce como política sólo es la forma en que los empresarios y los políticos mantienen su poder sobre la sociedad. Se trata una minoría ínfima que dice “representar” a la mayoría. Sin embargo, la voz de la mayoría, la voz del pueblo, no es escuchada. 

La minoría que hoy usa el poder en nombre del pueblo, lo utiliza en su propio beneficio. Sus leyes, sus decisiones políticas, todos los recursos del Estado, están dirigidos a preservar esta situación. Así, mientras los políticos se dedican a sus peleas pequeñas por cargos, prebendas y coimas, los grandes grupos económicos se dedican a contar sus ganancias. Están dispuestos y preparados para oponer la fuerza si sus privilegios se ven amenazados. ¡Ésta es la “democracia” que tenemos!  

Pero el pueblo también tiene fuerza. Su organización y su unidad. Sólo hace falta desarrollarlas, oponiéndose a las permanentes divisiones provocadas por los partidos políticos. Debemos transformar la política en una labor ejercida por el propio pueblo y para su único beneficio. La actividad política debe ser orientada a solucionar los grandes problemas sociales, realizando propuestas, estableciendo programas mínimos y mostrando caminos nuevos para acabar con la división del pueblo, para terminar con los muchos males que lo asolan, como la delincuencia, el narcotráfico, el desempleo, la pobreza, la falta de educación, etc. 

¿Qué hacer? Debemos devolver el poder para transformar las condiciones del país a su auténtico dueño, el pueblo unido; el poder debe ser ejercido directamente por éste, y debe estar orientado a servir a las grandes mayorías.

Justicia

Nuestras principales demandas se sintetizan en la defensa de un valor fundamental, la búsqueda de la justicia. 
La justicia va unida a otros valores como la libertad, la igualdad, la fraternidad, la responsabilidad.
La verdadera justicia significa siempre ir a la raíz de los problemas que nos aquejan: buscar las causas, no los efectos. Por eso la importancia de la unidad, por eso es que ninguna de estas demandas se puede cumplir por separado. Ser trata de un conjunto que debe ser cumplido íntegramente. Pero también significa que no hay ningún ámbito donde la justicia quede fuera. Debe haber justicia en el trabajo, en la educación, en la salud, en la vivienda. ¿O acaso es justo que un hombre quiera trabajar, y no encuentre un empleo? ¿Es justo que un joven quiera estudiar, y no pueda ingresar a un centro académico? ¿Es justo que falten medicamentos para los enfermos, cuando hay tanto derroche en todas partes? ¿Es justo que los más desvalidos sean los que menos ayuda reciben? ¿Es justo? 
Se debe imponer la justicia. Se debe imponer la justicia social. No sólo los individuos aislados, sino el conjunto de la sociedad deben imponer el respeto al derecho a ser medido con una misma vara. 

Veamos, por ejemplo, lo que hoy se llama “justicia”. ¿Cuáles son, en este país, los crímenes, y para quiénes, los castigos? La justicia de los tribunales y de los abogados no sólo es ciega, sino que también se hace la tonta, pues crea una apariencia de rectitud. Los que se benefician de ella son los políticos corruptos, los empresarios ladrones y los que tienen cómo cambiarse de nombre, cuando les conviene. La verdadera justicia, en cambio, lo que busca es no sólo castigar al criminal, sino eliminar el crimen. No sólo juzga el daño causado, sino que se hace responsable de que no vuelva a ocurrir.  

¿Qué hacer? Debemos luchar por la justicia. La forma de hacerlo es simplemente, ejerciéndola. Debemos eliminar las causas de los problemas que nos aquejan, actuando con responsabilidad, unidos y guiándonos por nuestros valores.

Debemos:

  • Luchar por la unidad del pueblo.

  • Trabajar para vivir, no para ser explotados.

  • Por una educación igualitaria y para todos.

  • Por una salud integral y preventiva.

  • Por viviendas dignas.

  • Por el poder del pueblo, por el pueblo y para pueblo.

  • Por la verdadera justicia, por la justicia social.